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Vezzolano

Por iniciativa de la “Soprintendenza per i Beni Architettonici e Paesaggistici” (Superintendencia para los Bienes Arquitectónicos y Paisajísticos) de Piamonte, en colaboración con el “Osservatorio del Paesaggio per il Monferrato e l’Astigiano” (Observatorio del Paisaje para Monferrato y la zona de Asti), la iglesia de Santa María de Vezzolano fue oficialmente incluida, en septiembre de 2008, en el proyecto de las rutas europeas de la Transrománica, Asociación Internacional reconocida por el Consejo Europeo como “Major European Cultural Route”. El objetivo de la Asociación es hacer hincanpié en la unidad cultural y artística del románico en Europa, con el fin de preservar el patrimonio románico europeo y de difundir su conocimiento a través de una extensa obra de divulgación, que active también el turismo cultural.

Casa parroquial de Santa María de Vezzolano

Para alcanzar Albugnano desde Asti, hay que seguir la carrettera nacional 458 para Chivasso hasta la bifurcación para Albugnano, o bien girar en Gallareto para Castelnuovo Don Bosco y después para Albugnano.
El complejo está ubicado en un verde y espléndido valle, en un rincón de Monferrato de lo más sugestivo y bien conservado, entre viñedos, prados y bosques. La iglesia se consagró a la Virgen María, a cuyo culto se dedicaban especialmente las casas parroquiales reformadas de San Agustín. El primer documento conocido que menciona la iglesia se remonta al año 1095 y se refiere a la investidura de los canónigos del rol de “officiales” de la iglesia de Vezzolano.
En los primeros años, esta institución canonical debía de ser muy activa, como demuestran los numerosos donativos que recibió, sin embargo, por motivos desconocidos, perdió pronto importancia. La lenta decadencia puede colocarse entre dos fechas significativas: el año 1405, cuando la Casa parroquial fue concedida en encomienda con abades comendatarios residentes en otra parte, y el año 1805, cuando, a causa de las supresiones napoleónicas, el Complejo de Vezzolano se vendió a particulares. Desde 1937 la iglesia es de propiedad del Estado y la Superintendencia para los Bienes Arquitectónicos la tiene en custodia.
En Vezzolano historia y leyenda se mezclan y las hipótesis sobre su edificación son múltiples e impregnadas de aspectos misteriosos. La historiografía del siglo XIX se explaya en hipótesis sin valor histórico pero llenas de sugestiones románticas. Algunos creen que la iglesia nació como una capilla privada de un castillo luego destruido, otros consideran que se edificó nada menos que en el siglo VIII. Seguramente la leyenda más fascinante, y que contribuye a incrementar el halo de misterio sobre esta joya románica, es la que atribuye su construcción a la voluntad imperial de Carlomagno. Cuenta la leyenda que el emperador en el año 773, cazando en la selva de Vezzolano, fue surprendido por una improvisa y macabra visión: la inquietante danza de tres esqueletos humanos que salen de un sepulcro. Esta visión le provocٌó un espanto notable, del que se recobró sólo gracias a la intervención de un ermitaño que estaba de paso y que, según la leyenda, invitó el emperador a pedirle ayuda a la Virgen. Recuperándose por intercesión de la Virgen, Carlomagno ordenó la edificación de la iglesia en ese mismo lugar. La estructura de la iglesia se podría remontar al final del siglo XII, pero su apariencia denota aspectos pertenecientes al siglo XIII. La iglesia es de planta basilical, orientada, con aula de dos naves y dos ábsides semicirculares: la tercera nave (lateral derecha) está parcialmente englobada en el claustro cuadrangular arrimado al lado sur de la iglesia. Su construcción sufrió una brusca interrupción, seguida, algunos decenios después, por una reanudación de los trabajos, pero con una estructura arquitectónica reducida.
El asentamiento arquitectónico de la fachada con galerías ciegas y la presencia de estatuas (Cristo Redentor, los Arcángeles Miguel y Rafael, querubines y serafines y platos de terracota decorados, símbolo de hospitalidad) parecen sugerir influjos borgoñones, pero la estructura es claramente de tradición lombarda. La fachada probablemente se presentaba resplandeciente de colores intensos, con estatuas polícromas y jofainas de cerámica que reflejaban la luz del sol. El ladrillo cocido y la arenisca se alternan y los tres órdenes de galerías ciegas reavivan toda la estructura. En la puerta abocinada hay que notar en la luneta el bajorrelieve de piedra, que representa la Virgen sentada en el trono con la paloma del Espíritu Santo, el arcángel Gabriel y un fiel. La importancia del culto de la Virgen en Vezzolano es testimoniada por las iconografías que encontramos en el complejo, obras de arte que abarcan un período de casi dos siglos y que narran los episodios salientes de su vida en un ciclo completo. El elemento más sorprendente del interior es la tribuna sobre arcos (o “jubé”, francesismo que procede de la invitación latina “jube Domine benedicere...” que el predicador dirigía a los fieles) que atraviesa la iglesia de una nave a otra a la altura de la primera arcada, sin duda la obra más importante guardada en Vezzolano: una rarísima estructura arquitectónica, una de las pocas aún existentes en Italia, ya que muchas fueron eliminadas después del Concilio de Trento. Realizada en arenisca del Monferrato pintada, está formada por cinco arcadas de arcos ojivales y está sujetada por columnas de capiteles decorados con hojas, que sostienen un doble registro de bajorrelieves que representan, en la parte superior, las escenas de la Dormitio, de la Ascensión al Cielo y Coronación de la Virgen entre los símbolos de los Apóstoles, y en la parte inferior la sucesión de los antepasados de la Virgen que llevan en la mano una cartela con sus propios nombres. Es controvertida la interpretación de la fecha de 1159 en la inscripción dedicatoria que resulta muy anterior a los carácteres estilísticos de las esculturas y de la arquitectura de la tribuna misma, que los históricos del arte datan como posterior al año 1230. El excepcional valor artístico de la tribuna, al cual contribuyen también la preciosidad y la originalidad de los coloridos, con el uso del costoso y rarísimo lapislázuli de las montañas del Cáucaso (manto de la Virgen y del Cristo), convierte esta obra en un rarísimo ejemplo de escultura medieval con policromías intactas. Una joya imperdible.
Además, el interior de la iglesia es adornado por decoraciones escultóricas en las ventanas absidales (la Virgen Anunciada coronada) en los capiteles y por un altar en terracota polícroma del siglo XV. Un tríptico en terracota polícroma del mismo siglo domina el altar. Representa, una vez más, la Virgen con el niño; a la derecha está San Agustín y a la izquierda una figura barbuda acompaña un fiel arrodillado con trajes reales (la leyenda ve en esta figura a Carlomagno, mientras que estudios más exhaustivos la identifican con Carlo VIII de Francia).
De la iglesia, por una puerta minúscula, se accede al claustro, un rincón de silencio total mantenido durante los siglos, símbolo de la antigua paz de los monasterios cristianos. En el claustro, los cuatro lados se remontan a períodos diferentes (siglos XII – XIII – XVI). El lado al oeste es el más antiguo con macizas columnas bícromas alternadas a finas columnas de arenisca que sostienen pequeños arcos ligeramente ojivales. De gran valor narrativo es el capitel inacabado que representa en un “unicum” la Anunciación, la Visitación y la Natividad. El ala norte, sacada de la nave sur de la iglesia, está dividida en cinco arcadas y conserva un importante ciclo de frescos realizados entre 1240-50 (tercera y cuarta arcada) y 1354. En esta fecha se pintó también el fresco de la Adoración de los Reyes Magos, en la segunda arcada (la necrópolis de los Rivalba), obra del así llamado Maestro de Montiglio. En la misma pared, en el luneto, un Cristo en mandorla entre los símbolos de los Evangelistas y, en el registro inferior, una representación del Contraste entre tres vivos y tres muertos. Esta representación, que aparece también en un fresco bastante arruinado en la capilla de la familia Radicati (última arcada), es un modelo recurrente que se debe a la influencia del entorno caballeresco típico de la época federiciana, que quería oponer un mensaje de amonestación religiosa al laicismo del vivir cortés. Superada, pero siempre fascinante, es la interpretación de quien quiere encontrar en el fresco las huellas de la leyenda de la mácabra aparición de Carlomagno. Varios locales se asoman al claustro pero los cambios sufridos en el tiempo hacen dificil la individuación del uso originario de dichos locales, con excepción del área del presbiterio de la iglesia. El gran espacio, antes destinado probablemente a la hospedería, aloja una exhibición permanente sobre el románico de la zona de Asti.
Durante las recientes obras de restauración del jardín se colocó en el centro del espacio claustral el árbol de enebro, cuya madera, según las creencias populares, se usó para construir la cruz de Jesús. Sus flores también (rosa gallica, lirio germánico y lilium candidum) están relacionadas con la simbología religiosa y eran las únicas flores cultivadas en los claustros para adornar el altar.